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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Moldavia 






Una puerta más 



Febrero 23 Charlotte 

Anatoly estaba cansado y con ganas de regresar a casa, cuando divisó 



í una última vivienda 



Anatoly se alejó cansado de la casa. 
Los pies le dolían y caminaba con 
los hombros algo encorvados. Nunca se 
imaginó cuánto se cansaría cuando 
aceptó repartir folletos. Quería volver a 
casa para descansar, pero había prometi- 
do visitar todas las casas del barrio y le 
faltaba sólo una. Susurró una oración y 
se acercó a la puerta de la última casa. 

Anatoly es un adolescente que vive en 
Moldavia, un pequeño país situado al 
oeste de Rusia. Su iglesia se había pro- 
puesto visitar todas las casas del pueblo. 
Formaron equipos y le asignaron un 
territorio a cada grupo. Los equipos visi- 
tarían cada hogar, donde regalarían un 
folleto referente a Dios, además de ofre- 
cerle estudios bíblicos a la familia. 

Anatoly tomaba muy en serio su res- 
ponsabilidad. Por eso, le pidió a Dios 
que lo acompañara a visitar a la gente del 
territorio que le asignaron. Después, con 
folletos en mano, se dirigió con entusias- 
mo a tocar la puerta de la primera casa. 

Una casa más 

Horas después, Anatoly se encontraba 
con los hombros encorvados mientras se 
alejaba de una puerta más. No se había 



imaginado cuan agotador podría ser el 
trabajo de la obra misionera. Había 
tocado muchas puertas y hablado con 
muchas personas. Ya quería volver a 
casa; pero cuando salió a la calle recordó 
el compromiso que había hecho de ir a 
todos los hogares del territorio que le 
habían señalado. Elevó otra oración 
silenciosa, subió los escalones del porche 
de madera y tocó la puerta. Escuchó 
voces y pensó que probablemente la 
familia tenía visitas. Pero antes que se 
pudiera retirar, la puerta se abrió y salió 
una señora de mediana edad que lo invi- 
tó a pasar. 

— Bienvenido — saludó la mujer — . 
Pasa y siéntate — le dijo mientras des- 
ocupaba una silla. — ¿Gustarías una taza 
de té? 

Anatoly aceptó el ofrecimiento y se 
sentó. Varios jóvenes se acercaron a salu- 
darlo. La mujer, viendo la expresión de 
sorpresa en el rostro de Anatoly, le pre- 
sentó a sus 12 hijos e hijas. ¡Doce meno- 
res! Anatoly estaba impresionado. 

El les ofreció un librito y una tarjeta 
de invitación para estudios bíblicos. La 
familia le agradeció y se mostraron sin- 
ceramente contentos de recibir el libro. 



19 



Se quedaron platicando por unos minu- 
tos y Anatoly se levantó para salir. La 
señora lo acompañó hasta el portón y lo 
invitó a regresar. 

El joven se dirigió a la parada de auto- 
buses con un peso quitado de encima. 
Estaba feliz de haber llegado a esa última 
casa y decidió que volvería a visitarlos. 

Cuando Anatoly regresó a saludar a la 
familia, estuvieron contentos de verlo. 
Pero cuando intentó hablarles de Dios, 
los padres se mostraron un poco caute- 
losos. Le hicieron preguntas sobre sus 
creencias y en qué aspectos su iglesia era 
diferente a la de ellos. Anatoly contestó 
las preguntas, utilizando la Biblia como 
referencia de lo que les decía. Todavía 
los padres se mostraron reservados, pero 
Natasha, la hija mayor, escuchaba aten- 
tamente lo que les platicaba el joven. 

Evangelismo de amistad 

Cuando la iglesia hizo planes para 
tener una serie de reuniones evangeliza- 
doras, Anatoly invitó a sus nuevos ami- 
gos. Natasha quería asistir a las confe- 
rencias, pero sus padres se lo prohibie- 
ron. Sin embargo, el joven se sorprendió 
al ver a Natasha, su hermano Vania, y su 
hermana Lena en la reunión. Anatoly 
los saludó y les preguntó si habían cam- 
biado de opinión sus padres y los habí- 
an dejado asistir. 

— No exactamente — dijo Natasha — . 
Le dijimos a mamá que saldríamos a 
caminar. Pero he aprendido tanto aquí 
que quiero seguir asistiendo todas las 
noches. Yo no sé si mis padres nos dejen 
«salir a caminar» todas las noches. 

Anatoly les prometió que oraría para 
que siguieran viniendo a las reuniones. 



Natasha, Vania y Lena asistieron a las 
reuniones, pero cuando les pidieron 
permiso a sus padres para que los deja- 
ran ir a la iglesia el sábado por la maña- 
na, ellos les dijeron que no. 
Obedeciendo a sus padres, los tres her- 
manos se quedaron en casa el sábado, 
pero se negaron a trabajar en ese día, lo 
cual hizo enojar a sus papas. 

Natasha se puso firme. 

— Dios es Dios — declaró — . El no es 
alguien a quien se alabe una o dos veces 
por año; a él se lo tiene que adorar todo 
el tiempo. Y se lo debe obedecer. Lo que 
él manda tenemos que hacer. 

Los tres hermanos trabajaron duro 

para terminar el viernes las tareas de 

toda la semana. Así esperaban que los 

padres los dejaran adorar a Dios el día 

sábado. , . , . , > 

(Continua en Lapag. 31) 



Datos de interés 



I 



«•* Moldavia está situada al oeste 
de Rusia y colinda con Ucrania y 
Rumania. Tiene 4.5 millones de 

I habitantes; casi la mitad vive en 
las ciudades y la otra mitad en 
zonas rurales. 

«-En el 2006, casi 12.000 
adventistas vivían en Moldavia, o 
un adventista por cada 383 per- 

Isonas. Poco menos que la mitad 
de la población son cristianos 
I ortodoxos. Otras denominacio- 
nes constituyen el 1 5 por ciento 
de la población. 

«•* Una parte de las ofrendas del 
decimotercer sábado de este tri- 
mestre ayudarán a construir una 
nueva iglesia en Kishinev, la 
capital de Moldavia. 



20 



Una puerta más 



(Viene de la pág. 20) 



Natasha permaneció firme en su 
compromiso con Dios y fue bautizada. 
Vania y Lena se hicieron miembros del 
club de Conquistadores. Los tres her- 
manos fueron tan buenos ejemplos 
para la familia que los padres dejaron 
de oponerse a que asistieran a la Iglesia 
Adventista. Cuando los demás jóvenes 
pidieron permiso para ir a la iglesia 
con Natasha, Vania, y Lena, los papas 
les permitieron asistir. 

Natasha tiene confianza de que 
algún día sus padres también se unirán 
a ellos para adorar a Dios en la Iglesia 



Adventista. Y Anatoly está muy con- 
tento de haber visitado aquella última 
casa en su territorio. Por su fe, ha 
hecho nuevos amigos y ha traído una 
familia a los pies del Salvador. 

Nuestras ofrendas misioneras pro- 
porcionan los fondos para el evangelis- 
mo en los hogares y alrededor del 
mundo. Gracias por su bondad. 



Anatoly Chobanu tenía 13 años cuando 
conoció por primera vez a la familia 
Moldovanu, y los condujo a Jesús. Charlotte 
Ishkanian es la editora de Misión. 



Libre al fin 



(Viene de la pág. 24) 



que Dios puede cambiar completa- 
mente la vida de cualquier persona, no 
importa cuánto tiempo haya sido víc- 
tima de una adicción, o a qué droga 
esté adicta. Jesús puede liberar a cual- 
quiera del poder de los vicios. 

Pero Dios ha hecho más que liberar- 
me de las drogas. Me ha enseñado su 
amor a través de los miembros de la 
iglesia, y me ha salvado. Gracias por 



entregar sus ofrendas misioneras gene- 
rosamente cada semana para que llegue 
la luz del amor de Dios a las almas 
oscurecidas de las personas por las cua- 
les trabajo. Sus ofrendas están salvando 
vidas para la eternidad. 



Sergei Alekseev es el director del centro de 
rehabilitación en Uzbekistán. 



Director General 

Consejero: 

Directora de Misión: 

Redactor de la versión en español: 

Diagramadora: 

(ISSN-0190-4108) 

Es producido trimestralmente por el departamento de Escuela Sabática de la 

División Interamericana, 8100 S.W. 117th Ave. Miami, FL 33183, EE.UU. 

Primer trimestre del 2008. Tomo 98, número 1. 



Gary Krause 
Carlyle Bayne 
Charlotte Ishkanian 
Mario A. Collins 
SoniaA. Garza 



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